Por qué se te está cayendo el cabello (y qué puedes hacer antes de que empeore)
La caída de cabello tiene varias causas, desde el estrés hasta el tipo de productos que usas a diario. Te contamos qué la provoca y cómo cuidar tu cuero cabelludo desde la raíz.
Perder cabello todos los días es normal. Entre 50 y 100 hebras al día no significa que algo esté mal. El problema empieza cuando notas más pelo del habitual en la almohada, en el cepillo o en el desagüe de la ducha, y ese cambio se sostiene por semanas.
Ahí es donde vale la pena mirar qué está pasando.
Las causas más comunes
El estrés es una de las razones que más se subestima. Un episodio fuerte —un cambio de trabajo, un duelo, una operación— puede frenar el crecimiento del cabello entre dos y tres meses después, no de inmediato. Por eso mucha gente no conecta las dos cosas.
Los cambios hormonales pesan igual de fuerte: el posparto, la llegada de la menopausia o un desajuste de tiroides alteran el ciclo natural del cabello y aceleran su caída.
Y después está lo que casi nadie revisa: los productos que usamos. El sulfato y la sal, presentes en la mayoría de shampoos comerciales, resecan el cuero cabelludo y debilitan la raíz con el uso constante. No es una causa aislada, pero sí un factor que empeora cualquiera de las anteriores.
Qué sí ayuda
Lo primero es simple: cambiar a productos sin sal ni parabenos. La sal deshidrata el folículo capilar; sin ella, el cuero cabelludo mantiene mejor su equilibrio natural y el cabello crece con menos quiebre.
Segundo, cuidar lo que come tu cuerpo. El hierro, el zinc y las proteínas son la base para que el folículo funcione bien. Una dieta pobre en esto se refleja primero en el cabello.
Tercero, no lavar con agua caliente. El agua tibia o fría cierra la cutícula del cabello y evita que se debilite con cada lavado.
Cuándo preocuparte de verdad
Si la caída es pareja en toda la cabeza y no ves zonas sin pelo, casi siempre se resuelve con estos cambios. Si en cambio notas calvas definidas o el cuero cabelludo visible en un punto concreto, ahí sí conviene consultar a un dermatólogo, porque puede tratarse de algo puntual que necesita otro manejo.